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El aroma no entiende de géneros: pertenece a la piel de quien sabe apreciarlo.
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En el mundo occidental durante el siglo XX nos acostumbramos a clasificaciones rígidas: flores para mujer, maderas y pinos para hombre. Sin embargo, en la tradición milenaria de Oriente Medio esta división nunca existió.
El aroma no entiende de géneros: pertenece a la piel de quien sabe apreciarlo.
